Me resulta curioso, en la mayoría de los casos, como la gente que me rodea (refiriéndome a amigos, compañeros de trabajo y de escuela) tiene un eterno conflicto de encontrar al "amor verdadero"; como se desgastan en que su otra mitad sea lo más parecido a lo que ellos consideran como una relación perfecta, y fue justo en ese momento donde me vi envuelto en el mismo juego.
El amor es ese sentimiento que pocas veces lo podemos definir, poéticamente hablando, porque nos pone en situaciones que resultan hasta imposibles de creer; es un estado del ser humano en el que estamos entre despiertos y dormidos, viviendo fantasías día con día. Cuando nos enamoramos, nos vemos inmersos en situaciones que normalmente respondemos de otra forma, en la mayoría de sus casos, todo porque la otra persona, nuestro objeto de deseo, resulta impactante y maravillosamente perfecto para descubrir, tanto de manera individual como social; nuestros ojos se iluminan, nuestra boca se abre, nuestro corazón se acelera y nuestro cuerpo transpira como puberto a mediodía. Nos olvidamos de que somos seres independientes, autónomos y comenzamos a depender de la otra persona y esto no nos resulta ni molesto ni pesado, lo tomamos de la forma más natural y común, como si desde siempre hubiésemos actuado y vivido de ese modo.
Hasta que todo acaba.
Transformamos el amor para toda la vida en un ¿qué demonios estaba pensando?, las promesas llenas de ilusión en sentimientos de culpa, los regalos materiales en piezas más de la basura diaria, las palabras de amor en recuerdos que lastiman, los detalles especiales de la otra persona en las cosas más molestas que jamás nadie puede tener; pasamos de un juntos por siempre a por siempre alejados, casi siempre se convierte en un desconocido con el que compartimos recuerdos y nada más. O al menos así es como pinta el panorama.
¿Qué es lo que hacemos mal para que nuestra relación perfecta se convierta en insufrible? ¿Acaso las miles de promesas se basan más en sueños que en cosas reales para cumplir? ¿Acaso es cierto que debemos de conocer a muchas personas antes de poder sentar cabeza? ¿O será cierto que todos nacemos para amar pero no todos para ser correspondidos? ¿Nos tendremos que conformar, entonces, con el/la menos peor? Bastante alentador.
Las cosas al final me parecen más simples y de verdad siento que, en la gran mayoría de los casos, sólo nos mentimos una y otra vez (y cada vez peor), sobre todo porque no sabemos, porque no aprendimos a separar lo que nosotros percibimos con lo que la otra persona percibe, que nadie está mal, son dos puntos de vista; y en esta eterna pelea entre lo que uno cree y lo que el otro siente, perdemos el objetivo final que es la misma relación. Nos concentramos más en el propio orgullo, en nuestra razón, en nuestras propias concepciones y creencias de la vida y esa otra persona, con todo lo que conlleva, la bajamos de nivel. ¡Y ni meternos en las infidelidades! ¿Por qué pesa más el deseo físico pasajero de otro cuerpo a la paz emocional que nos brinda aquella persona? Nos gusta jugar a las telenovelas, ser la víctima, héroe y villano de nuestra propia historia, no queremos alejarnos de ser el centro de atención y no está mal, pero entonces tendríamos que dejarnos de quejar con nosotros mismos, principalmente.
Decir adiós está bien, si ya no hay nada que hacer, y si no se quiere hacer nada, también está bien; sentir dolor es parte de vivir porque si nos duele es que nos importa, porque queremos estar bien. Dejar de hacer tormentas en vasos de agua es fundamental, entender que su vida y tu vida es tan importante como la vida que tienen juntos, ni menos ni más, y que si no te manejas honestamente con el otro, comunicándole tantos tus preocupaciones como tus incertidumbres al mismo nivel que tus ilusiones y añoranzas, no podemos asegurar que caminen juntos en la misma dirección. No es tan complicado, simplemente dejemos el miedo a un lado.
Claro, si quieres, si no... pues siempre estarán las redes sociales ,los bares y los amigos para despotricar de quien ya no está a tu lado. Tan sencillo.
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