martes, 17 de febrero de 2015

Sobre mi manejo.

Primero, sobre el respeto a la otra persona. Lo marco en primer lugar porque hay varias cosas que tienes que entender, no sólo hablo al respeto físico (si no quiero que me besen, ni lo intentes) sino también al respeto por quién soy yo. Comprende que no soy un adolescente, que estoy muy cercano a los treinta y aunque me vea joven, me guste ser inocente, actuar infantil, no soy un niño y no me tienes que hablar de esa manera, no subestimes mis conocimientos. Escucha las cosas que te digo, no hablo por hablar y si algo no me gusta tómalo en cuenta, se pueden pasar un par de veces pero de eso a que todos los días que me tope de frente contigo repitas el mismo comportamiento, es desgastante; y yo entiendo, si así eres, perfecto, entonces comprende que no tenemos oportunidad para algo más. Y también respeta mis decisiones, se podrá dialogar y llegar a acuerdos, pero si he dicho que no, no insistas, créeme que no estoy buscando apelación ni que me rueguen.

Segundo, sobre mis prioridades. Cuando tengo una relación seria o intento formarla, claro que le doy prioridad a esa persona pero ten en cuenta que yo te he dicho antes que si voy sobre ese camino, no asumas las cosas. Si no tenemos ese tipo de relación, no serás prioridad más grande que mis amigos, recuerda que tengo familia, trabajo, escuela y vida social, no voy a deshacer mi mundo porque me quieras conocer, al contrario, con gusto te invito a adentrarte en tus tiempos libres y en los míos te aseguro que hago lugar para adentrarme en el tuyo, porque fui educado bien, no voy a ser grosero contigo a menos que te lo merezcas.

Tercero, sobre mis horarios. Soy muy entregado, de verdad, con todas las personas que me rodean pero porque se lo han ganado, no creas que porque llegaste a mi vida podrás marcarme en la madrugada por el gusto de escuchar mi voz o para que salgamos de fiesta; como ya te habrás dado cuenta, tengo responsabilidades, soy un adulto que trabaja, y me quiero lo suficiente como para respetar mis horas de sueño, y si dices quererme, respétalas tú también. De igual forma, intento contestar lo más rápido que puedo mensajes, correos y llamadas, porque me gusta dar ese trato a mi gente y, frecuentemente, lo hago casi de forma inmediata así que si me tardo en contestar no envíes tus teorías de 'por qué no te he contestado', no ayudan,perjudican tu imagen.

Cuarto, sobre mis relaciones pasadas. Tienes que entender mi punto de vista, no pido que lo compartas, pero si anduve con alguien es porque esa persona me gusta en más de un nivel, tanto física, como intelectual, mentalmente, por su personalidad, por muchas cosas, así que ni intentes una sola vez que deje de sentir algo por esas personas, tienen un lugar muy especial en mi aunque yo no signifique nada para ellos. Comprende que si no estoy con ellos es por diversas razones, mejor no preguntar si no quieres escuchar; y si estoy soltero y no con ellos, es justamente así, no estoy con ellos.

viernes, 13 de febrero de 2015

Me quiere. No me quiere.

Me gustaría enamorarme de alguien parecido a mi, con los mismos gustos. O no, completamente distinto, que cada uno tenga sus propios hobbies. Tal vez de alguien de mi edad, para no batallar con conflictos generacionales; pero no estaría mal alguien más grande para que me brinde más experiencia y nos evitemos problemas absurdos; quizás alguien menor, porque así podría darle protección y seguridad, de esa que hace falta luego en la pareja. 

Podría enamorarme de alguien atlético, que se cuide y esté en forma o quizás de quien no haga tanto ejercicio, que sea más artístico, que le guste eso de dibujar, pintar, bailar, actuar, no sé, algo así. Pero tampoco estaría mal alguien más centrado, que se la pase en la computadora creando maravillas o simplemente jugando video juegos, no sé, no estaría mal. Quizás que le guste salir de paseo todos los fines de semana o, aún mejor, toda la semana aunque sea al pueblo más cercano o a las orillas de la ciudad, aunque tampoco estaría mal alguien más de ciudad, que le guste sólo ir al centro o a alguna plaza de vez en cuando.

Tal vez encuentre a mi otra mitad en algún concierto de la orquesta sinfónica o tal vez en algún rave o evento alternativo, quizás en un simple concierto de algún artista de moda; podría disfrutar de lo que hago y estar pegado a mi todo el día o simplemente él tener su propio mundo complicado y pasar tiempo cuando los dos salgamos de nuestra ajetreada vida. Podrían gustarle las mascotas y tendríamos un perro chihuaha, o labrador, aunque siempre está la posibilidad de que sea amante de los gatos o simplemente algún pez que esté en la sala. O podría odiar a los animales, bueno, no odiar pero igual y no le gustan tenerlos en casa.

Sería bueno que me enamorara de alguien alto, fuerte. O bajito y delgado, tierno. De tez clara y cabellos miel o castaño, lacio... pero tirándole a quebrado. Aunque si es más bronceado podría tener los cabellos chinos y oscuros con ojos marrones. O azules. O verdes. Sería bueno que no tuviera ningún tatuaje o piercing para disfrutar de su piel al natural, aunque debo de confesar que tienen cierto atractivo los hombres así, no sé, se me hace muy sexy. Nunca me había puesto a considerar las expansiones, supongo que entran dentro de la misma categoría..

Me gustaría enamorarme de alguien más, de quien sea, sólo pido que me ame de regreso, supongo.

miércoles, 11 de febrero de 2015

La pareja ideal (o de cómo mantenernos en el hoyo)

Me resulta curioso, en la mayoría de los casos, como la gente que me rodea (refiriéndome a amigos, compañeros de trabajo y de escuela) tiene un eterno conflicto de encontrar al "amor verdadero"; como se desgastan en que su otra mitad sea lo más parecido a lo que ellos consideran como una relación perfecta, y fue justo en ese momento donde me vi envuelto en el mismo juego.

El amor es ese sentimiento que pocas veces lo podemos definir, poéticamente hablando, porque nos pone en situaciones que resultan hasta imposibles de creer; es un estado del ser humano en el que estamos entre despiertos y dormidos, viviendo fantasías día con día. Cuando nos enamoramos, nos vemos inmersos en situaciones que normalmente respondemos de otra forma, en la mayoría de sus casos, todo porque la otra persona, nuestro objeto de deseo, resulta impactante y maravillosamente perfecto para descubrir, tanto de manera individual como social; nuestros ojos se iluminan, nuestra boca se abre, nuestro corazón se acelera y nuestro cuerpo transpira como puberto a mediodía. Nos olvidamos de que somos seres independientes, autónomos y comenzamos a depender de la otra persona y esto no nos resulta ni molesto ni pesado, lo tomamos de la forma más natural y común, como si desde siempre hubiésemos actuado y vivido de ese modo.

Hasta que todo acaba.

Transformamos el amor para toda la vida en un ¿qué demonios estaba pensando?, las promesas llenas de ilusión en sentimientos de culpa, los regalos materiales en piezas más de la basura diaria, las palabras de amor en recuerdos que lastiman, los detalles especiales de la otra persona en las cosas más molestas que jamás nadie puede tener; pasamos de un juntos por siempre a por siempre alejados, casi siempre se convierte en un desconocido con el que compartimos recuerdos y nada más. O al menos así es como pinta el panorama.

¿Qué es lo que hacemos mal para que nuestra relación perfecta se convierta en insufrible? ¿Acaso las miles de promesas se basan más en sueños que en cosas reales para cumplir? ¿Acaso es cierto que debemos de conocer a muchas personas antes de poder sentar cabeza? ¿O será cierto que todos nacemos para amar pero no todos para ser correspondidos? ¿Nos tendremos que conformar, entonces, con el/la menos peor? Bastante alentador.

Las cosas al final me parecen más simples y de verdad siento que, en la gran mayoría de los casos, sólo nos mentimos una y otra vez (y cada vez peor), sobre todo porque no sabemos, porque no aprendimos a separar lo que nosotros percibimos con lo que la otra persona percibe, que nadie está mal, son dos puntos de vista; y en esta eterna pelea entre lo que uno cree y lo que el otro siente, perdemos el objetivo final que es la misma relación. Nos concentramos más en el propio orgullo, en nuestra razón, en nuestras propias concepciones y creencias de la vida y esa otra persona, con todo lo que conlleva, la bajamos de nivel. ¡Y ni meternos en las infidelidades! ¿Por qué pesa más el deseo físico pasajero de otro cuerpo a la paz emocional que nos brinda aquella persona? Nos gusta jugar a las telenovelas, ser la víctima, héroe y villano de nuestra propia historia, no queremos alejarnos de ser el centro de atención y no está mal, pero entonces tendríamos que dejarnos de quejar con nosotros mismos, principalmente.


Decir adiós está bien, si ya no hay nada que hacer, y si no se quiere hacer nada, también está bien; sentir dolor es parte de vivir porque si nos duele es que nos importa, porque queremos estar bien. Dejar de hacer tormentas en vasos de agua es fundamental, entender que su vida y tu vida es tan importante como la vida que tienen juntos, ni menos ni más, y que si no te manejas honestamente con el otro, comunicándole tantos tus preocupaciones como tus incertidumbres al mismo nivel que tus ilusiones y añoranzas, no podemos asegurar que caminen juntos en la misma dirección. No es tan complicado, simplemente dejemos el miedo a un lado.

Claro, si quieres, si no... pues siempre estarán las redes sociales ,los bares y los amigos para despotricar de quien ya no está a tu lado. Tan sencillo.

lunes, 9 de febrero de 2015

Realidad inflexible (II)

Segunda parte
Vivir como cobarde

"Tomar un nuevo paso, decir una nueva palabra, es lo que la gente teme más."
Fedor Dostoyevsky

Queremos creernos tantas cosas, tanto mentiras como verdades, siempre añoramos el que hay algo más allá de lo que nosotros mismos logramos comprender, no nos basta una respuesta simple y es algo que tantos filósofos, científicos y grandes pensadores de todas las ramas han celebrado; pero, ¿hasta que punto lo logramos soportar? ¿Qué tanto estamos dispuestos a perder, inclusive, para satisfacer nuestras necesidades intelectuales? Sorprendentemente, a la mayoría le resultaría difícil de comprender el nivel en el que estamos inmersos dentro de la respuesta, es decir, que tanto sacrificamos para obtener una solución que se mantenga en nuestro modo de vida.

Entendamos que sentir curiosidad es parte de nuestra naturaleza, por algo hemos llegado tan lejos como especie, sin embargo no podemos ignorar el hecho de, al llegar a un nivel de conciencia superior, tenemos una responsabilidad más allá de la moral, como individuos de algo más grande. No resulta tan complejo de entender si lo desmenusamos un poco, al ser una parte de un todo, contribuimos para su crecimiento o su declive, así de sencillo. Lograr comprender la posición en que uno se encuentra parado podría, entonces, no ser un problema, pero eso no nos da por completo el trasfondo de la situación; apenas comenzamos a descubrir quiénes somos, a dónde vamos y de dónde venimos, y eso, en principio, es lo que nos mueve a seguir: comprendernos a nosotros mismos.

Tendríamos que ponernos en una posición vulnerable, quitarnos el egocentrismo para poder pensar en algo más grande que nosotros, envolvernos en la humildad y abrir los ojos ante la realidad de que somos sólo un uno entre muchos. Pensar que nuestra vida se topa con cientos o quizás miles al día, que cada uno de nosotros está caminando sobre el mismo suelo, que dentro de cada uno tenemos nuestras propias preocupaciones, que sentimos, que vivimos; es llegar al punto en abrir el horizonte de nuestra comprensión y saber, que más allá de lo que conocemos, hay billones de individuos con las mismas presiones: porque no somos los únicos que sufrimos, lloramos y estamos agobiados. Es sentir ese vacío de no ser más que el otro, quien está en frente, porque no podemos menospreciar lo que cada uno ha pasado hasta el día de hoy ya que así como uno, el otro está bajo la misma posición. Somos uno, cada uno.

Al final preferimos seguir bajo un modo más fácil de sobrellevarlas cosas en vez de enfrentarlas y comenzar a vivirlas, como debería de ser, porque es más fácil evitarlo, es más sencillo, resulta menos complejo; voltear la cara ante las situaciones es nuestra respuesta inmediata, encerrarnos en nosotros mismos creyéndonos la idea de que sufrimos lo suficiente como para atender a otro que no sea uno mismo. Somos egoístas. Somos hipócritas en querer ser empáticos pero no logramos salir de nuestra zona de confort. Y nos gusta ser así, evitar el miedo de comprender lo que le pasa al otro, a quien tenemos al lado, a quien no tenemos cerca, a quien ignoramos su existencia, ya que, al final, ¿quién se va a preocupar por mi, por uno? ¿Cierto? Si me dejo de preocupar por mi y comienzo a pensar en el otro, ¿dónde quedo yo?

Nos gusta, nos place.

viernes, 6 de febrero de 2015

Realidad Inflexible (I)

Primera Parte
Elegir la ignorancia

"La humanidad se halla a mitad de camino entre los dioses y las bestias."
Plotino, filósofo latino.

Una mente educada siempre será más difícil de manejar que aquella que se encuentra vacía de conocimiento, por ponerlo de cierta forma, ya que es obvio que todas las personas tienen un nivel de conocimiento. Todos nacemos con los instintos básicos, con estos 'reflejos' que nos da la naturaleza por sobrevivir y conforme nos vamos desarrollando aprendemos miles de millones de conocimientos: desde agarrar una cuchara hasta crear computadoras. Es increíble la capacidad que tiene el ser humano para transformar su alrededor para facilitarle la vida aunque esto sólo me hace pensar en que somos incapaces de aceptar las verdades más sencillas que tenemos en frente de nosotros. ¿Acaso nuestra evolución nos ha conducido en el camino de la ignorancia?

Ignoramos cosas por elección, decidimos hacia que punto nos queremos dirigir en cada aspecto de nuestro corto paso por la vida y me llega a sorprender las cosas que, como humanidad, hemos elegido no hacer caso inclusive hemos de encontrarle un significado más complejo de lo que en realidad es. Cuantas veces no he visto como un pequeño problema nos ahoga, el como le damos vueltas por resolverlo cuando el camino más fácil siempre lo tenemos como primera opción; es intrigante el modo en que el miedo, la ira, el orgullo o cualquier emoción nos mueva de tal forma que todo se torne tan excesivamente complejo de entender. Nos hemos puesto metas que se creen inalcanzables para resolver las dudas más primarias que tenemos como seres pensantes, tratando de exprimir nuestro razonamiento lo más que se puede para superar lo ya establecido, pero sin algún fin establecido.

Hay tantas cosas en nuestro mundo actual que nos parecen tan normales, tan cotidianos y con poca importancia, de cierta forma; evitamos hablar de muchos temas por diferentes razones y el pretexto más simple es aquel que usan quienes no tienen una respuesta concreta. Damos por hecho de que la vida de cada persona sólo le pertenece a sí misma; que el creer en un Dios o tener fé en algo es una simple necesidad del hombre por ver más allá de lo que pasa en su día a día (en pocas palabras); que el miedo a la muerte es parte de nuestro instinto de supervivencia; que nuestro pasar por este mundo es un acontecimiento más de la historia de la raza humana, un breve suspiro que no se compara con la historia del planeta ni del sistema solar ni del universo. Somos un simple instante en el tiempo y, en conjunto, parece que el ser humano necesita aclarar esas ideas con teorías cada vez más complejas. Necesitamos esas respuestas, necesitamos librarnos de aquello que sentimos tan extraño cada vez que no encontramos una solución sin darnos cuenta de que lo más sencillo es, quizás, lo que de verdad debamos de entender.

Nos gusta complicarnos las situaciones, buscamos el drama en nuestras vidas aunque queramos ignorarlo; no podemos estar en paz con nosotros mismos sino tenemos algo que nos mueva por dentro. El hombre ha creado la religión por ello, ha sustentado su sentir por creer en algo más allá de nosotros sin querer entender la raíz del asunto. Si hay un Dios éste se encuentra en cada uno de nosotros por que hemos elegido que así sea.

Cuando uno muere es el fin del tiempo para esa persona, ya no hay nada más, nada que entender, los demás somos quienes creamos esa necesidad de mantener 'viva' la energía de los difuntos al darles nombres (cielo, infierno, reencarnación, transformación de energía, ustedes nombren), elegimos ignorar lo más simple de la vida: somos seres orgánicos y tenemos un fin. ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo aceptar esto? ¿Acaso la soberbia es parte de un ser 'pensante y con razonamiento'? Es obvio, tenemos esa necesidad de traspasar el tiempo, de inmortalizarnos a nosotros mismos. Tan simple como eso.

Somos infinitas variantes del azar, una forma de vida que decide traspasar las barreras de lo conocido por que quiere ignorar lo más básico que se tiene al vivir. Somos seres humanos, buscamos conocimiento para ignorar aquellos que tenemos al principio.

¿Es, acaso, algo tan complejo de entender?